ALBERTO ULLOA Y EL ARTE LATINOAMERICANO

Por Abil Peralta Aguero

Alberto Ulloa: Iconografía de un lenguaje personal revelado en la estética del arte Latinoamericano Contemporáneo

Al Maestro Antonio Fernández Spencer. Poeta y ensayista. In Memoriam

Desde el momento mismo en que la incesante crítica de arte Marta Traba orquestó su repertorio de voces para afirmar hacia lo interno del hemisferio americano sus investigaciones sobre los aportes trascendentales que a lo largo de casi un siglo han hecho el arte y la cultura latinoamericanos a la configuración estética, conceptiva y estructural del arte occidental (1), básicamente en lo que concierne a los laboratorios de poder que se formaron en los centros metropolitanos de Francia (corrientes surrealistas que con André Bretón al frente se expandieron a todo el mundo) y Nueva York, centro eje del pensamiento estético moderno, el arte latinoamericano como estética autónoma encontró el espacio apropiado para la atención internacional.

Esa firme postulación teórica quedó evidenciada cuando las acciones de influencias de los protagonistas del muralismo mexicano (2) quedaron clara y determinantemente establecidas como las bases primarias de una estética del arte latinoamericano; claramente diferenciadas y con el suficiente peso conceptual para su autonomía que la legitiman como el pensamiento desde donde fluye y ha fluido siempre el canon de belleza de nuestra identidad humanística, artística y cultural.

El imperativo categórico de esa teoría estética que le arrebata a occidente el derecho a la dignidad de nuestros aportes, Marta Traba los propone desde las formulaciones conceptuales y estructurales que realizan países puntuales como México, desde el muralismo; Brasil, desde su teoría de la resistencia antropofágica (3), y Argentina, desde sus muy variadas acciones creativas de amplia capacidad de ruptura conceptual, técnica y estilística en la producción artística.

Con fundamento científico y teórico de gran erudición, valora la esteta colombiana las bases de influencia que se dieron a partir de los aportes, que de modo comprobado, contribuyeron a la redefinición de la modernidad occidental, partiendo de las aportaciones de los artistas del muralismo mexicano, junto a las proposiciones estructurales y conceptivas de Wifredo Lam, Armando Reverón y Joaquín Torres García, de suficiente peso como documento estético para redefinir una plataforma teórica más amplia que se tradujera en ejercicio filosófico, estético, histórico y metodología para la afirmación de una estética esencialmente latinoamericana.

Igual contribución a la afirmación de este fenómeno, se produjo desde las manos y proyectos editoriales del profesor y critico de arte norteamericano Edward Sullivan, quien en un aporte trascendente, publica en el año 1996, su libro titulado Arte Latinoamericano del Siglo XX(4), donde nos ofrece un amplio ejercicio teórico multidisciplinar en el que a modo de antología de textos críticos, calificadas voces de especialistas de la propia Latinoamérica exponen, desde su diversidad de visión y diferenciación ideológica y cultural, un repertorio datológico, analítico, histórico e informático, que como datología científica comprueba y legitima la más clara definición de una estética del arte latinoamericano.

Se trata de estudios aportados como ejercicios teóricos por prestigiosos investigadores de nuestras expresiones artísticas, quienes en sus respectivas tesis han logrado estimular la incorporación del conocimiento de nuestro arte al mapa de influencia de las voces normativas del arte occidental del Siglo XX, avalados por una sostenida metodología y de un repertorio de eventos y acontecimientos, que en una relación directa con las fuentes atávicas, antropológicas, arqueológicas, sociológicas, ideológicas, religiosas y culturales de nuestro ser, sirvieron de fuente a nuestros creadores más emblemáticos para legitimar esta hazaña de aporte a las ciencias del conocimiento artístico y cultural universal.

Justo ahora es cuando el arte latinoamericano cuenta con una verdadera atención como materia de estudio en los centros de poder del pensamiento contemporáneo internacional, tal y como bien sucede actualmente en España, Nueva York, Alemania, Francia, Italia, Inglaterra y Japón, países y ciudades en los que la investigación académica sobre la estética y arte latinoamericanos es ya materia prima en la formación de la inteligencia contemporánea asociada al conocimiento del arte internacional.

Mi reflexión anterior es para postular que no es posible profundizar con responsabilidad en la comprensión de la obra del afamado pintor dominicano Alberto Ulloa, si no se tienen los dominios de estas herramientas fundamentales como las formulaciones que registran el origen y vínculo de su arte como familia de una de las expresiones mas auténticas del arte internacional, como lo es, bajo clara demostración científica el arte latinoamericano como estética con categoría hemisférica propia.

En un momento en que se cuestionan el sistema nervioso central y los fundamentos estéticos y filosóficos que sostienen el arte de la postmodernidad(5) afirma su presencia de manera impetuosa la pintura como lenguaje normativo de los muy diversos sistemas de creación que desde siglos gravitan en el mirar de las pasadas y presentes civilizaciones.

Como parte de ese proceso natural de evolución y cambio transformacional, fundado en la resultante que desde siempre ha movido la dialéctica que impulsa la rueda de la historia que mueve el arte occidental, proponen actualmente sus formulaciones estéticas numerosos artistas visuales que en Europa, Estados Unidos y el resto de América, probablemente pasaron a un plano de discreción ante la intimidante industria del fragmento y la pluralidad postmoderna que legitimó y objetivizó todo hacer humano bajo la óptica estética de obra de arte ante culturas y economías universales.

El “todo se vale como arte”, relegó la frecuencia de la pintura, la escultura y el dibujo en las prioridades de las agendas del arte en todo el mundo. De eso no cabe la menor duda.

Ante un presente de pluralidad y globalización sostenida de la practica creadora como un directo ejercicio ideológico de poder, retoma con dignidad y esplendor la pintura el espacio que le ha correspondido siempre, en tanto base de toda relación conectiva que en términos de aporte y evolución de la imagen visual se viene refiriendo a la humanidad desde el arte de las cavernas y las propuestas estructurales del arte griego y egipcio.

Le ha correspondido a la pintura, la escultura y el dibujo ser las armas más apropiadas para el ordenamiento y racionalización de la imagen visual, advirtiendo la necesidad de mantenerla incorporada con suficiente grado de valor y democracia a la estética global dentro un orden donde se mire y se haga una seria diferenciación entre “el que sabe hacer el caos”, del que “es caos porque en esencia no sabe hacer nada en el arte”, porque es solo un residente más de los ya agotados ciudadanos de la pequeña aldea global de analfabetos creativos que por accidente intrahistórico acogió como propios la vívida y premonitoria aldea global de Macluhan.(6)

Vuelta la pintura a su sitio después de los sacudimientos de Kassel 97 y los desafíos de Londres con las célebres exposiciones del año 2000, como apuestas estéticas del espectáculo de la provocación en nombre del arte, presentan con dignidad y vigor sus credenciales numerosos artistas de muy variadas formaciones y estilos que como el dominicano Alberto Ulloa nunca dejaron de dibujar, pintar, tallar o alimentar el fuego con la arcilla para la cocción cerámica.

Como muchos otros artistas latinoamericanos, Ulloa tragó sus escapularios y comió dramáticos silencios para seguir viviendo en nombre del mismo arte que creó a Leonardo, a Goya y a Lautrech.

“El espíritu de mi pintura viene desde Lascaux y Altamira hasta nuestros días. Siempre en mis obras ha llovido la flor silenciosa del tiempo y oigo crecer ahora en ella la primavera del arte. Es ésta una obra llena da fantasía, poblada de desolación y amor. Me parece ver en éstas pinturas los aplausos del sol, los hondos gritos del hombre cuando le exprimen su jugo sobre la sed de un día, los gritos de ésta humanidad cuando el pan vuela lejos de su boca”.Alberto Ulloa.Testimonio, 1998.

Este Alberto Ulloa del Caribe, portador de un lenguaje pictórico en plena correspondencia con los discursos mejores fundamentados de la estética latinoamericana, registró las bases de su alfabética primaria durante sus estudios de arte en la prestigiosa Universidad Complutense de Madrid, con estudios extendidos en La Real Académia de San Fernando de esa misma ciudad española donde vivió durante varios años (7).

Aunque escenarios artísticos de los grandes países y ciudades del mundo han acogido su arte: Italia, Singapur, Israel, Argentina, Suiza, México, Inglaterra, Brasil, Francia, Venezuela, Alemania, Japón, Holanda y Estados Unidos, es precisamente en España donde el artista mira primero, desde la óptica académica y luego desde la condición de pintor que apuesta a la ruptura conceptual y estructural, la materia prima que armaría su sensibilidad, imaginación y pericia en el dominio de técnicas y materiales diversos para convertirse en un alquímico hacedor de luz, espacio, color, volumen, arquitectura, energía, atmósfera, línea, furor emocional y silencio en su pintura.(8)

Es evidente que a él le hablaron, Goya, Velásquez y el Greco; y desde ese Madrid de sus estudios y otras ciudades europeas que visitó como parte de su período madrileño, descubrió la enigmática espaciación planimétrica y redondez figural del rostro femenino en Paúl Klee y la verticalidad, alargamiento y redondez volumétrica primitiva en sus personajes femeninos en Modigliani, para luego, en su mirar el mundo del arte, nutrirse del temblor y torrente atmosférico colorista de Kandinski.

Asistiendo a un contacto racional con la abstracción americana a través del driping de Pollock(9), recurso pictorial que asume con inteligencia, intensidad y responsabilidad creativa para plantear como fundamento estético personal una obra avasallante y seductora en su plasticidad, y tan crítica, desde el mapa y estética latinoamericana como la de Alejandro Obregón, uno de sus más notables referatos formales, colorísticos y estructurales.

Ulloa asume la conducta de un hombre peligroso, por la resonante pluralidad con la que administra la poesía, la luz, el color y las propuestas semánticas de su discurso plástico. Es un artista peligroso, porque como los grandes maestros universales que han trascendido al mimetismo de la imagen, cuando golpean anestesian, hieren o matan como Goya, Velazquez, Picasso, o el propio Obregón.

Para comprender los razonamientos emanentes que fluyen como estallidos cromáticos o resonancias espacio-dinámicas desde el interior de sus telas, en las que prevalecen lo humano y animales entronizados como hombres y mujeres metaforizados, hay que ahondar en el conocimiento de la historia social del arte latinoamericano, desde donde el artista dominicano acciona su obra como dispositivo auténticamente propio, asociado a las propuestas ideológicas de los fundadores de nuestra estética, normada por las formulaciones del muralismo mejicano: David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera, esquema estético y conceptual enriquecido por los aportes de Roberto Matta, Joaquin Torres García, Wifredo Lam y Alejandro Obregón(10).

Ese vínculo referencial, le otorga al pintor, escultor, dibujante y ceramista Alberto Ulloa, una amplia multidiciplinaridad que no le permite crear desde una pintura líneal cerrada en su estructura discursiva, sino que lo induce a establecer los fundamentos de un lenguaje basado en una pictorialidad abierta (11) que valora en toda su determinación estética el fenómeno psicológico de la imagen visiva y su pasión por comunicar y dialogar desde unidades alfabéticas diferenciadas.

Es la razón por la que Alberto Ulloa se asume como un artista multitécnico, multilexico y plurisemantico a la vez, valorando en toda su jerarquía las expresiones estéticas de mayor acierto como lo más representativo de su producción pictórica, tal y como aconteció con numerosos artistas, siendo los casos más emblemáticos del pasado siglo, Pablo Picasso y Salvador Dalí, quienes fueron capaces de agotar con notable éxito todas las rutas del arte dentro de un frenesí creativo que terminó el día de sus respectivas muertes.

El artista de Altamira, Puerto Plata, al Norte de República Dominicana, pintando desde los fundamentos estructurales de una línea líquida, dotada de una fuerza maciza, invasiva y suelta, eleva su expresión al nivel del relámpago matérico para proponernos una personal manera de representación de la imagen, partiendo desde formulaciones figurales expresionistas, hasta expresiones propias del expresionismo abstracto, con raíces tan diversas que van desde los aportes originales de Pablo Picasso y sus apuestas al cubismo analítico, hasta las sensuales formulaciones de luz y color que nos aporta Kandisnski o las postulaciones neocubistas del orfismo.

Una lectura de su obra como unidad en la diversidad, integrada a la plurarilidad como absoluto fundacional de la postmodernidad, sitúa la producción pictórica de Alberto Ulloa como un acto creador sobre el que no pesan dominios doctrinales relevantes, porque para él la libertad es un acto pasional de paranoia de la conciencia crítica de su propio ser.

Y desde un ámbito así, no hay fuerza ni pensamiento humano que contamine la conducta de su teología de la verdad, por lo que son celebratorios en su arte las escenas de un viejo general, el beso de los amantes, el grito de los pobres de América Latina, afectados por la marginación global del gran capital, o la atmósfera de un paisaje de La Isla Saona(13), donde desafía todas las normativas espaciales de la perspectiva euclidiana y renacentista, para en cambio aproximarse a los embrujos de la estética bizantina y medieval, apostando bajo el régimen lírico y épico de la poesía, al poder hipnótico de la cábala, la seducción de la metáfora y la intrasignificancia del símbolo.

No es común que un artista educado y celebrado en la España de su formación, donde encontró atención y aprobación social y cultural, su pintura haya procesado la evolución dialéctica de su discurso hacia las raíces mas concretas que en su historicidad definen los fundamentos de la estética latinoamericana. Bien pudo haberse volcado su mirada hacia las alfabéticas más representativas de la modernidad y clasicidad española, pero no fue así, las conoció, las estudió, hizo tacto con ellas, pero las hizo evolucionar como circularidad en las distintas fases dinámicas que a lo largo de sus 30 años de carrera han impulsado la evolución de su pintura.

La sígnica semiológica de Alberto Ulloa, desde la superficie pictórica anuncia su transito por los diversos períodos que designan y dan corporeidad teórica a la estética latinoamericana, el arte indígena o precolombino, el arte colonial, el arte post colonial, el indigenismo el romanticismo, premodernismo latinoamericano, modernismo latinoamericano y las expresiones contemporáneas de las que él es hoy, desde el campo de la pintura, la escultura, el dibujo y la cerámica, uno de sus postulantes mas consistentes y racionales.

Actualmente, los referentes para concretar su estatuto categorial de vínculo con la estética latinoamericana es su propia evolución técnica, estilística y conceptual por lo que ha decidido mirarse así mismo, enriqueciendo esa mirada desde una proposición simbólica próxima a la iconografía del colombiano Alejandro Obregón.

Desde esas lecturas reflexivas y sabias, el Maestro dominicano activa el repertorio de una narratologia más representacional, fundada en arrebatadores bestiarios y en su personalísima retratistica, sin obviar su propuesta paisajística y sus extrañas formulaciones en la estructuración espacial de sus naturalezas muertas, diseñadas desde una formulación arquitectónica y compositiva como lenguajes de referencia a la estética pictórica latinoamericana.

Se trata de un valioso aporte conceptual en materia de diseño y composición visual, dador de una imagen que le asegura universalidad a su expresión y capacidad para liberar la pintura desde matemáticas tan aparentemente elementales como lo es el bodegón, aunque evidenciamos que como los grandes de la modernidad europea, cuando reforma los valores estructurales y estéticos de esta expresión, parte originalmente del fundamento científico del cubismo primario propuesto desde las formulaciones espacio-dinámicas de Paúl Cezanne.(14)

El temblor sísmico, carácter y atmósfera de seducción que afirma la pintura de Alberto Ulloa desde su gramática del color y arquitectura de la luz, lo convierten en un fenómeno inductor de la mirada, proponiendo su arte como materia de estudio para las mesas de trabajo de la psicología Gestalt (15), debido a que los mejores aciertos de sus pinturas culminan ante el ojo perceptor convertidas en materia y sustancia memorable.

Las yuxtaposiciones multiplanicas que arma como discursos asociados a su ingeniería-collage, derivan de un cubismo analítico a un cubismo planista y revolvente, sin importantizar la profundidad espacial, porque a él y a su temperamento pictórico no le interesan el vacío y la nada; le interesa que se sienta el eco de la herencia, la resonancia del mito o el místico poder del amor como sustancia misterica para la convivencia y el placer, o el milagro de la creación de la vida. Es la razón por la que muchos de estos temas son tan puntuales en la geografía simbólica de sus pinturas.

Sin asumir un discurso ideologizante y dogmático, Alberto Ulloa si tiene que matar mata, como bien lo hizo Fernando Botero al contribuir responsable y dignamente con su arte a la muerte del militarismo latinoamericano. El artista dominicano en consonancia con esa conducta de pensamiento de la estética e ideología latinoamericana, también imprime a sus telas como realidad preventiva y documento sociológico y antropológico de nuestra estética hemisférica, su serie sobre generales y militares (16), un tema que es a penas en su arte un resumen teleológico de sus documentaciones pictóricas por venir.

Apoyado por colores rudos en su masa cromático-matérica refulgente y en su sabia administración de la luz y poética atmósfera ritualizada, tan propia para el psicologismo dialogico con el espectador, éste hombre se hace parlante, shaman y guerrero a la vez, imprimando a sus telas audaces deformaciones de una fuerte carga expresiva, que cuando alcanzan su máximo nivel pictorial, obligan al espectador a una recodificación de la mirada.

Sus pinturas, de un fuerte carácter ritual en la articulación de sus aplicaciones matéricas, ritmos y movimientos cromogestuales, encuentran en la esfera, la estructura dentada, y lo que hemos denominado “efecto peine” (acto de estriar las estructuras dentadas) en sus telas (17), la categoría de arma letal, tan propia para la reflexión intelectual sobre el valor del espacio, el color y la arquitectura interior en el decir a través de la pintura contemporánea.

Ulloa no es nada contemplativo y frío, es huracán en la atmósfera y temperamento de su arte. Sus estructuras bestiarias, entre la alucinación de un toro con la mirada extraviada y la utopía de un nuevo Quijote, apuestan al valor de icnologías sígnicas vertebradas como notas de cuadernos que al redescubrirlas en tiempo y espacio provocan sensaciones y emociones palpitantes en el espectador(18).

La fuerza y poder enigmático del sígno caligráfico expuestos en sus superficies telicas a la manera de las estructuras signicas japonesas, elevan el círculo a la categoría de símbolo recurrente en sus pinturas y esculturas, como si se tratara de una formulación algebraica superior y suprasensible en la que asume el misterio de su espiritualidad, la que suscribe caligráficamente desde distintos niveles estéticos, filosóficos y teológicos próximos a lo cósmico y al imago patentizado como valor intemporal de la realidad referida a la naturaleza, como bien lo plantea en su estética tomista Santo Tomas de Aquino(19).

Una lectura crítica del repertorio de sus pinturas recientemente catalogadas por el destacado Poeta y Crítico de Arte Candido Gerón, recientemente publicadas en el país, más mi condición de testigo en el taller y compañero durante diversos viajes por el mundo con el artista, me otorgan la suficiente fuerza moral y profesional para explorar y conocer directamente estructuras pictoriales y mundos indescifrados de su obra, y tratar de entender complejísimos fenómenos que comportan las imágenes sustractivas, que a la manera de fenómenos epifanicos/epifanías, sentimos y vemos emerger en sus telas como formaciones representacionales que se van formando hasta penetrar a lo más profundo de la perceptibilidad retiniana del espectador; imágenes interiores que a modo de tromp l´oeil, van apareciendo hasta capturar el estado sensible del que mira los sucesos que acontecen en sus telas.

¿Como mentir entonces, ante un artista que imprime alma, aliento y su gloria en cada gesto, en cada verso, en cada relámpago cromático, en cada herida y en cada verbo que conjuga en su tela?

Sin necesidad de asumir una historia como línea conductora de sus actos creadores, Alberto Ulloa niega la estética del fragmento para reservarse un espacio propio en la pintura contemporánea, jugando estilística y conceptualmente entre la apuesta figural y la no figuración, entre la formulación expresionista y el gesto informalista, entre el simbolismo y la semiosis del signo que en forma de cábala revienta en la conciencia del ojo espectador para celebrar el amor, la fe, el dolor, el tiempo, la angustia, la niñez, la esperanza, la rabia, la represión militar y la mística temporaralidad de las estaciones, amando la aurora y la primavera en sus pinturas, sin dejar atrás su pasión por el desciframiento de la locura y la música, siempre presentes, tanto en sus pinturas como en sus esculturas.

Para plantar esa insondable apuesta creativa, apela al ordenamiento interior del espacio a la manera de un barroco salvaje que instaura su matemática del signo para contar objetos muy diversos que participan en la estructura compositiva y escénica de sus telas, creando un orden anárquico que le permite a su vez, por el rigor factural de las impresiones y fuerza poética de sus afirmaciones, negar el ritmo visualistico del reino de la cantidad(20) para inducirnos hacia la resemantización de una poética de los signos caligráficos que participa en forma dinámica en la administración del espacio, diseño, volumen y caligrafía dibujistica interior de sus telas.

Como recursos que le han dado la academia y su libre capacidad de ruptura, Alberto Ulloa valoriza en toda su extensión la superficie materica, la que ataca con demencial pasión con elementos extra pictóricos que a partir de la superposición-collage, le permite armar complejos rompecabezas donde articula fenómenos cromáticos que, aprendidos de Kandisnsky y Gorky, se enriquecen en sus telas con los fundamentos mistericos de la luz asimilados de su amorosa aproximimacion a Goya.

Golpe sobre golpe que estremecen la mirada y conciencia del espectador es lo que sentimos cuando desde pinturas como la titulada “Grito americano”,(21) el artista se hace intérprete de la historia del dolor que ha dado cuerpo a nuestra América Latina, desde los conquistadores hasta nuestros días de globalización y era digital, un fenómeno que advertimos como auténtica expresión de libertad de un artista que se resiste a negar su verdadera naturaleza de ser libre en el ejercicio de la pintura y en su reconocimiento del arte como fundamento filosófico de la pluralidad y la libertad interior en todo creador.

De ahí que desde el mismo modo que aborda formulaciones inéditas en la paisajística dominicana, sea también capaz de proponer como aprendizaje de Klee, Modigliani o Brancucci, estructuras anatómicas geometrizadas que transitan entre el alargamiento, ovalidad y redondez del rostro femenino, tan propios del diseño primitivo africano.

Alberto Ulloa es categórico en sus ejercicios de libertad, por lo que retrotrae de una expresión a otra en su obra, estructuras de diseño amozaicadas y diseños bestiarios en los que valoriza el vacío como estructuras integradas y armónicas, no abigarradas. Las aplica en sus telas a la manera de la estética egipcia, igual a como lo incorporaron al corpus estructural del sujeto las practicas artísticas medieval y bizantina.

Para este artista la fuerza de la línea y el brochazo furtivo asociados a sus líneas sinuosas o quebradas forman parte de su estrategia psicológica para crear una pintura que en su relación sujeto-espectador, termine quedándose como sello cabalístico en el ojo y espíritu del que mira; un fenómeno que es practica antigua en la producción de iconos(22), formulación exclusivamente reservada para la contemplación y valorización de la imagen votiva en la religión ortodoxa, lo que en el particular caso del pintor dominicano sólo puede ser negada por quien de manera perversa practica la hipocresía de la mirada.

Después de éste ejercicio de carácter filosófico-reflexivo; como deductiva, solo me queda proponer, no como hipótesis, sino como tesis afirmativa, que en el repertorio iconográfico del Maestro latinoamericano-caribeño Alberto Ulloa residen e interactúan desde el reino de la parábola, la cábala y la metáfora, estructuras simbólicas que patentizan su discurso en el reino élite que la pintura latinoamericana ha dado en su espacio de transito entre el S-XX, y el S-XXl, reafirmando el escrutinio estético como un ejercicio analítico-científico que no puede negar ni la dinámica de la historia, ni el ritmo de lo que precisa revelación como documento de un momento específico de la cultura de la humanidad.

Justo en medio de ese nuevo escenario para la contemplación de la vida está la pintura de Alberto Ulloa con su capacidad seductiva, eléctrica, provocativa, poética, crítica y parlante para resonar como voz que creyó, apostó y asumió la pintura como formulación intratemporal y afirmativa de la estética latinoamericana moderna y contemporánea.

por Abil Peralta Aguero

*Poeta.Crítico de Arte y Curador.Miembro de La Asociación Internacional de Críticos de Arte.Aica-Unesco.Miembro directivo de La Asociación Dominicana de Críticos de Arte y actual Director del Museo del Dibujo Contemporáneo MUDIC.

N O T A S:
1.-Arte de América Latina 1900-1980.Marta Traba. Ediciones Banco Interamericano de Desarrollo, 1994. p. Prologo –Vlll-. “Para Marta Traba era impensable la critica de arte aislada del contexto económico, político y social del Continente. En consecuencia, el presente texto estructura la evolución del modernismo en América Latina a través de tales factores, es decir entrelazando las relaciones de la vida en los distintos países con su creación estética. Las hipótesis primordiales que se plantean en este libro son las siguientes: -El conjunto del muralismo mexicano no fue sólo un producto de la revolución, sino de una nueva actitud artística frente a los vientos modernistas llegados desde Europa. –En coincidencia con el muralismo mexicano, los países de mayor inmigración europea, por ejemplo, Argentina, Brasil y México, se convirtieron en fuertes áreas de inversión formal; en tanto que individualidades de otros países como Lam, Reverón y Torres García, tuvieron el mismo comportamiento y pasaron a ser figuras de relieve en el ámbito internacional. “Metafísica de la luz”. Ensayo escrito a manera de Prólogo por el Ex-Presidente de Colombia Belisario Betancur para el libro “Arte de América Latina 1900-1980” de Marta Traba.
2.- Obra Citada Nota 1. pp. 2, 3,14. “La relectura crítica más acertada y desapasionada que actualmente se hacen del muralismo, o escuela mexicana, coinciden en considerarlo como el movimiento mas importante de la plástica continental de comienzo del siglo. Fue el único capaz de puntualizar la necesidad de un arte distinto de la pintura de caballete, uno que cumpliera con el papel social de primera importancia en las nuevas sociedades latinoamericanas”.Marta Traba
3.- Ob. Cit. Nota 1. pp. 53,54
4.- Arte Latinoamericano del Siglo XX. Edward Sullivan, Editorial Nerea, Madrid, 1996
5.-Revista Arte al Día Internacional. Edición conmemorativa de la publicación No.100. Latin American Art. S.R.L., Buenos Aires, 2003. Varios autores norteamericanos, europeos y latinoamericanos con opiniones diversas sobre la vigencia de la pintura en el arte actual, incluyendo la opinión de Abil Peralta Agüero.
6.- Posmodernidad y Cristianismo. El Desafío del Fragmento. José Mª Mardones. Col. Presencia Teológica. Editorial Sal Térreas.Bilbao, 1988
7.- Alberto Ulloa/Visionario Fantástico. Fantastic Watcher. Candido Gerón. Editora Corripio, 2005, Santo Domingo, pp. 62, 63,282, 283.
8.- Enciclopedia Británica. Ref. al pintor dominicano Alberto Ulloa. Tomo –V-. Edición 1998.
10.- Ob. Cit. Nota 1. p. 66.
11.- Obras Maestras del Pensamiento Contemporáneo. Humberto Eco. Editorial Ariel S.A., Barcelona, 1985.
12.- Revista El Paseante. (Décimo aniversario). ¿Qué fue del siglo XX? –Cuando el arte era moderno o posmoderno. Varios autores. Ediciones Siruela S. A., Madrid, 1995
13.- Ob. Cit. Nota 7. p. 119. Ref. Pintura titulada, “Atardecer en la Isla Saona”
14.- Ob. Cit. Nota 7. p--- Ref. Pintura titulada “Cuerpos en el mar”.
15.- Psicología y Artes Visuales. J. How y otros autores. Colección Comunicación Visual. Editorial Gustavo Gili, S.A, Barcelona, 1969
16.- Ob. Cit. Nota 7. pp. --- Ref. Pinturas tituladas, “Un General Cualquiera”, “El General y la ventana”, “Retrato de Yeyo en Vietnam”, “El Militar” y “El General”
17.-Ob. Cit. Nota. 7. p.----Ref. Pintura titulada, “El Toro de Altamira”
18.- Ob. Cit. Nota. 7. pp.-----Ref. Pinturas tituladas, “El Toro Loco”.- y en “Alberto Ulloa, Tiempo de Nacer”, Armando Álvarez Bravo, Ediciones Elmerdorf Colors, Puerto Rico, 1997. Ref. Pintura titulada, “De la serie después del Quijote”. p. 28
19.- Arte y Belleza en la Estética Medieval, Humberto Eco pp. Editorial Lumen S.a. 1999, Barcelona, pp. 93,106.
20.- El Reino de la cantidad y los Signos de los Tiempos. René Guanón, Paidos Orientalia, Madrid, 1997.
21.- Ob. Cit. Nota 18.p. 13. Ref. Pintura titulada, “Grito Negro”.
22.-Iconos. Abil Peralta Agüero. Ensayo publicado por Apa. en ocasión de la exposición de Iconos originales rusos y de otros países de Europa Oriental, presentada en la Galería Artemira de Santo domingo en el año 1999.